<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5304137973804697610</id><updated>2011-07-30T10:38:32.599-07:00</updated><title type='text'>zummer</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://zummerck.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304137973804697610/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zummerck.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>kr-T-lto`s</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12566050429585413818</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5304137973804697610.post-5386011244272881792</id><published>2010-01-11T18:48:00.000-08:00</published><updated>2010-01-11T19:17:10.290-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-family:TimelessTLig;"&gt;&lt;span style="font-family:TimelessTLig;"&gt;&lt;span style="font-family:TimelessTLig;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial, Helvetica, sans-serif;font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche,    nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos    días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era    una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin    apartar las cortaderas que le dilaceraban las carnes    y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona    un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora    el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos,    que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres.&lt;br /&gt;  El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin    asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió,    no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que    ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los    árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro    templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata    obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable    de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron    que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban    su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla    dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.&lt;br /&gt;  El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería    soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad.    Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le    hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no    habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado,    porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también,    porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz    y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado    a la única tarea de dormir y soñar.&lt;br /&gt;  Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica.    El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún    modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas;    las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura    estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía,    de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder    con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría    a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo    real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de    sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas    perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar    en el universo.&lt;br /&gt;  A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar    de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y si de aquellos    que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque    dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos    preexistían un poco más.&lt;br /&gt;  Una tarde licenció para siempre el vasto colegio    ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino,    díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó    por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al    cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo,    la catástrofe sobrevino.&lt;br /&gt;  El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana    luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había    soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se    abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre    la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo    rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado    unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua    vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.&lt;br /&gt;  Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de    que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque    penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo    que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara.&lt;br /&gt;  Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación    que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de    ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado    el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró    dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período,    no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna    fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró    los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso    y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.&lt;br /&gt;  Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate    en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor    lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia.    No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo    con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5304137973804697610-5386011244272881792?l=zummerck.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://zummerck.blogspot.com/feeds/5386011244272881792/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://zummerck.blogspot.com/2010/01/nadie-lo-vio-desembarcar-en-la-unanime.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304137973804697610/posts/default/5386011244272881792'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5304137973804697610/posts/default/5386011244272881792'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://zummerck.blogspot.com/2010/01/nadie-lo-vio-desembarcar-en-la-unanime.html' title=''/><author><name>kr-T-lto`s</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12566050429585413818</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
